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Cuando en una sociedad llena de agresiones, violencia, humillaciones y fratricidios y donde la obediencia y el respeto a la autoridad son elementos casi perdidos entre la juventud, especialmente en la adolescencia, no puede dejar de causar un sentimiento muy intenso el conocer éste tipo de sacrificios de vida por amor a un progenitor.
Sintiéndose con el derecho de ofender y de sobajar a sus padres, los hijos "de hoy", los hijos "modernos", los hijos de ésta sociedad tan enferma, tan viciada, tan depauperada y tan patética donde todo aquel que fomente por acción u omisión un granito de arena para destruir el respeto, donde el tema de que en todos los aspectos de la vida hay niveles (y que los hijos invierten y pervierten), donde en búsqueda de un igualitarismo y equidad social hay hijos que abusan y se vuelven igualados y ni con la mirada respetan cuando antes con una mirada entendían, donde los medios de comunicación de todos los tipos, electrónicos (televisión, radio, Internet), externos e impresos (revistas y periódicos) se refieren desde un "qué onda wey?" o un "ruco" a los padres se ha roto el límite y ahora los patos les tiran a las escopetas.
Habrá sin duda quien vea exceso, un tufo a “old fashion”, una actitud retrógrada o un riesgo para los “derechos de los hijos”.
A ésta gente habría que recordársele que por cada derecho siempre hay una obligación, es justicia pura y cualquier abogado de mediana instrucción lo avalará sin duda alguna. A ésta gente también habría que recordársele que también los papás tienen derechos, cuando sólo se habla de las obligaciones de los padres y uno de sus derechos elementales y básicos es que sean respetados.
¿Cuántas desgracias vemos diariamente como consecuencia del no entendimiento de la relación padre-hijo correcta?
A Chen Jin le reconozco su heroísmo como hija, su gratitud infinita a su hijo y le agradezco profundamente el saber que aún existen seres que valen y seres que son humanos no sólo por su denominación sino por su evolución que los separa de los animales, aquellos que por no tener forma humana se les considera inferiores y que generalmente no lo son y no son depredadores como nosotros. Su ejemplo debería de difundirse no como una curiosidad de todos los días, sin duda, tendrá menos repercusión que si Paris Hilton se compró un auto nuevo o que Amy Winehouse tiene problemas de adicción a las drogas pero así somos, consumimos tontería y media.
Por último, los padres de Chen Jin se pueden sentir muy orgullosos de ella. Que Dios los bendiga a los tres.
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