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Delacroix |
2009-05-25|17:44 |
Ciudad: México |
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La pobreza de los programas televisivos es evidentel. La mayoría de las producciones locales de telenovelas, programas dizque cómicos y de concursos, son malísimas. No existe un programa, en el ramo del puro entretenimiento que se salve. La tradición viene desde El Chavo del Ocho que, me perdonaran sus adoradores, pero eran puros pastelazos y cubetazos. Después de haber visto un programa, los habías visto todos y duró 20 años (que diferencia con Los Polivoces que tenían libretistas de primera). Pero el problema es más de fondo; tal parece que a los mexicanos nos gusta el estilo mafioso en todos los ámbitos. Dos o tres personajes se enquistan en un ámbito y nomás no entra nadie que no sea de su claque, por más bueno que sea. Desde el reinado del Señor Telenovela (en el ámbito telenovelero), pasando por el de Paco Stanley o el de Jorge Ortiz de Pinedo (en el de los programas cómicos) hasta llegar a las altas esferas de la política, no hay manera de que a los talentos se les permita brillar si el capo en turno no se los concede, y por lo visto, no tienen ninguna intención de hacerlo. Por eso las producciones argentinas y colombianas, con mucho menos dinero, tienen más éxito (Por ejemplo, los Sánchez que fueron un refrito de los Reyes en Colombia que a su vez lo fueron de Los Roldán en Argentina; o Bety la Fea de Colombia). En México hay una esterilidad pavorosa y no por falta de talento, sino por exceso de mafiosos.
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